Serie: La mujer sabia cuida su templo
Querida hija del Altísimo,
Hoy quiero hablarte con el corazón, como entre hermanas, como entre mujeres que hemos recorrido caminos de lucha, silencio, dudas… y también de redención.
Por años, muchas de nosotras hemos vivido desconectadas de nuestros cuerpos. Nos enseñaron a ignorar el dolor, a esconder el cansancio, a avergonzarnos de lo que somos como mujeres: cíclicas, sensibles, poderosas y complejas. Pero la Toráh —y la creación misma— nos cuentan otra historia.
Desde el principio, nuestro Elohim nos formó con intención, belleza y propósito. Cada célula, cada hormona, cada fase de nuestro ciclo lleva la huella del diseño divino. ¡No fuimos creadas por accidente, ni estamos rotas! Fuimos formadas con sabiduría para reflejar algo profundo del carácter de Dios.
🔸 Dios no descarta nuestro cuerpo, lo redime, lo cuida y habita en él.
Así como el Mishkán (Tabernáculo) fue construido con cuidado, limpieza, orden y fragancia, así debe ser nuestro cuerpo. No es un estorbo espiritual, es un templo. Y cuidar de él no es vanidad, es obediencia, es honra.
🔸 El cuerpo habla… y debemos escucharlo con compasión.
A través del cansancio, del dolor, del desbalance, de los antojos… nuestro cuerpo nos habla. Nos pide pausa, nos muestra necesidades emocionales, revela heridas espirituales. Y como mujeres sabias, debemos aprender a escucharlo, sin juicio.
🔸 Nuestro ciclo no es una carga, es un mapa sagrado.
Cada fase menstrual refleja una dimensión espiritual:
• 🩸 Fase menstrual: limpieza, introspección, retorno al interior.
• 🌱 Fase folicular: renovación, energía creativa, nuevos comienzos.
• 🌸 Ovulación: plenitud, sociabilidad, fertilidad en ideas y relaciones.
• 🍂 Fase lútea: recogimiento, evaluación, sensibilidad y discernimiento.
Si vivimos de espaldas a estas estaciones internas, forzamos nuestro cuerpo a ritmos que no le pertenecen. Pero cuando caminamos en acuerdo con este diseño, experimentamos paz, equilibrio y claridad espiritual.
🔸 ¿Y la menopausia?
La menopausia no es el fin, es una nueva coronación. Es el inicio de una etapa donde la sabiduría toma el lugar de la fertilidad física. Nuestros cuerpos cambian, sí. Aparecen síntomas, altibajos, sequedad, insomnio, niebla mental… pero también aparece una nueva voz: más firme, más libre, más plena. Esta etapa también es parte del templo. También es parte del plan.
Querida mujer de Toráh:
Este es el tiempo de reconciliarnos con nuestro diseño. De agradecer por la sangre que limpia, por las hormonas que nos hablan, por el vientre que da vida, por la mente que se renueva. No más juicio. No más rechazo. Solo aceptación, honra y restauración.
Porque cuando cuidamos este templo con amor, estamos diciendo: “Hineni, aquí estoy, Yehováh. Lista para habitar Tu propósito, desde la tierra santa de mi cuerpo.”
Con amor y verdad,
Li Esquivel
Mujer de Toráh
✨ Espera la próxima semana la clase #3 de la serie: “Alimentación consciente: cuerpo y alma en armonía con la Toráh”


Este es el primer estudio de la serie: La mujer sabia cuida su templo.