lunes, 16 de marzo de 2026

Identidad de la mujer según la Toráh

 



En medio de un mundo que constantemente intenta decirnos quién debemos ser, muchas mujeres han comenzado a perder algo muy valioso: la claridad de su verdadera identidad.


Las redes sociales, la presión cultural, las comparaciones y las expectativas externas pueden llenar nuestra mente de ideas que poco a poco nos alejan del diseño original que el Eterno estableció para la mujer.


A veces sin darnos cuenta comenzamos a vivir tratando de cumplir con lo que otros esperan…

y en ese proceso olvidamos quiénes somos realmente delante de Elohim.


Por eso nace esta serie de estudio.


“Identidad de la mujer según la Toráh” es un tiempo de reflexión para volver a las raíces, para mirar nuevamente las Escrituras y redescubrir cómo el Eterno ve a la mujer, cuál es su valor, su propósito y su lugar dentro del diseño divino.


Durante estos días estaremos caminando juntas a través de diferentes reflexiones que nos ayudarán a examinar nuestro corazón, cuestionar algunas ideas que hemos aprendido con los años y permitir que la Palabra del Eterno vuelva a traer claridad a nuestra vida.


No se trata de imponer modelos externos de mujer perfecta.


Se trata de volver a recordar quiénes somos delante del Creador.


En esta serie hablaremos sobre temas que muchas mujeres sienten en silencio:


• ¿Quién define realmente la identidad de una mujer?

• ¿Qué ocurre cuando olvidamos quiénes somos?

• Las voces que intentan moldear nuestra identidad.

• La diferencia entre la identidad que el mundo ofrece y la identidad que nace de la Toráh.

• La belleza de aceptar el diseño del Eterno para la mujer.

• Cómo reconstruir una identidad sana y firme en medio de las presiones de la vida.

• Y cómo vivir con seguridad cuando sabemos quiénes somos delante de Elohim.


Cada reflexión será una invitación a detenernos, a pensar, a volver a la Palabra y a permitir que el Eterno restaure áreas de nuestro corazón que quizás han estado confundidas o heridas.


Este no es solo un estudio para leer.


Es un camino para reflexionar juntas.


Si sientes que este tema puede bendecir a otras mujeres — amigas, hijas, hermanas o compañeras de camino — te invito a compartirlo con ellas.


A veces una reflexión sencilla puede llegar al corazón de alguien justo en el momento en que más lo necesita.


Que estos días sean una oportunidad para recordar algo muy importante:


✨ La identidad de una mujer no nace de la cultura… nace del diseño del Eterno.


Bienvenidas a esta serie de estudio.


domingo, 1 de marzo de 2026

Vivir continuamente delante de la presencia del Eterno — Reflexiones de la Parashá Tetzavé


 Un llamado a mantener la luz encendida, vivir consagradas y caminar cada día en comunión real con el Eterno.

Esta semana, al estudiar la Parashá Tetzavé, mi corazón ha sido profundamente ministrado por una verdad sencilla pero transformadora: el Eterno no solo desea que creamos en Él… desea que vivamos continuamente delante de Su presencia.

Desde el primer versículo, cuando se ordena traer aceite puro para mantener encendida la Menorá sin cesar, sentí como si el Eterno me preguntara suavemente al corazón: ¿Está tu luz encendida cada día… o solo en momentos especiales?
Porque la luz del Santuario no podía apagarse. No era opcional. No era emocional. No dependía del ánimo del momento. Era constante.

Y entendí que así debe ser nuestra vida espiritual. No una fe intermitente, sino una presencia sostenida. No una relación ocasional, sino una comunión viva y diaria.

Luego, al contemplar las vestiduras sacerdotales, algo tocó profundamente mi interior. La Escritura dice que eran hechas para honra y hermosura. No era solo cubrir el cuerpo… era reflejar dignidad, identidad y propósito.

Me hizo pensar en cuántas veces vivimos olvidando quiénes somos delante del Eterno. Cuántas veces caminamos cargadas de preocupaciones, inseguridades o cansancio, sin recordar que hemos sido llamadas a una vida santa, apartada y llena de significado.

El sumo sacerdote llevaba sobre su corazón las piedras con los nombres del pueblo de Israel. No ministraba solo… ministraba llevando a otros en su corazón. Y allí sentí una enseñanza muy profunda: vivir cerca del Eterno también implica vivir con un corazón que intercede, que ama, que sostiene a otros en oración.

Después vino el proceso de consagración. Y debo confesar que esta parte me confrontó con ternura y verdad. Porque consagrarse no es solo querer servir… es permitir que el Eterno prepare, limpie, transforme y aparte nuestra vida completamente para Él.

La consagración no es un momento emocional. Es una rendición continua.

Es decirle al Eterno: “Mi vida es Tuya. Mis planes son Tuyos. Mi tiempo es Tuyo. Mi corazón es Tuyo.”

Y junto con la consagración vino la purificación. Qué hermoso entender que el Eterno no purifica para alejarnos… sino para acercarnos. Él limpia lo que estorba, sana lo que duele, ordena lo que está desalineado. No por exigencia fría, sino por amor santo.

Porque Su presencia es real… y Él desea habitar en nosotros con plenitud.

Luego la Torá nos muestra las ofrendas diarias. Cada mañana. Cada tarde. Sin interrupción. Sin descuido. Sin pausa.

Y comprendí algo que cambió mi manera de mirar la vida espiritual: la relación con el Eterno no se sostiene con experiencias aisladas… se sostiene con constancia.

Con pequeños actos diarios de amor.
Con decisiones repetidas de obediencia.
Con momentos simples de gratitud.

La espiritualidad verdadera se construye en lo cotidiano.

Y finalmente, el altar del incienso… la imagen más íntima de todas. El aroma que sube continuamente delante del Eterno como símbolo de la oración.

Qué privilegio tan grande saber que nuestras palabras, suspiros, lágrimas y silencios sinceros llegan hasta Él como fragancia agradable.

La oración no es solo pedir.
Es permanecer.
Es habitar.
Es respirar Su presencia.

Al terminar esta parashá, sentí en mi espíritu que el Eterno nos está enseñando un camino completo de vida espiritual:

Mantener la luz encendida.
Vivir con identidad santa.
Consagrar el corazón.
Permitir la purificación.
Adorar continuamente.
Orar sin cesar.

No son ideas separadas… es una forma de vivir.

Y mientras meditaba en todo esto, pensé en nosotras… mujeres que anhelamos amar al Eterno con sinceridad, cuidar nuestro interior, caminar con propósito, vivir con sabiduría. Esta parashá es una invitación tierna pero firme a vivir de manera consciente delante de Él, cada día, en cada detalle.

No necesitamos un Santuario físico para vivir esta realidad… porque nuestro corazón se ha convertido en el lugar donde Su presencia desea habitar.

Hoy mi oración es sencilla y profunda:

Eterno amado, mantén encendida mi luz.
Vísteme de Tu presencia.
Consagra mi vida para Ti.
Purifica mi corazón cada día.
Recibe mi vida como ofrenda continua.
Y que mi oración suba siempre delante de Ti como incienso agradable.

Enséñame a vivir consciente de que Tú estás cerca… siempre cerca.

Y a ti que lees esto, te dejo una invitación suave para el corazón:
detente un momento… respira… y pregúntate con sinceridad:

¿Estoy viviendo continuamente delante de la presencia del Eterno… o solo visitándola de vez en cuando?

Que esta semana la luz no se apague.
Que el corazón permanezca consagrado.
Y que la presencia del Eterno sea nuestra morada constante.

Amén.

Con cariño:

Li Esquivel

Mujer de Toráh



domingo, 22 de febrero de 2026

Una ofrenda elevada: el llamado a ser morada de Su Presencia


 Esta semana hemos caminado juntas por la Parashá Terumah — תרומה, cuyo significado es ofrenda elevada, contribución que se levanta para el Eterno. Y mientras meditaba en cada lectura, sentía que el mensaje no era solo acerca de construir un santuario… sino de permitir que Dios construya algo dentro de nosotras.

Porque el Eterno pidió al pueblo que trajera ofrendas voluntarias para levantar el Mishkán, el lugar donde Su Presencia habitaría. Pero lo que más tocó mi corazón es que Él no obligó a nadie. No exigió. No impuso. Solo pidió a quienes quisieran dar desde el corazón.

Y eso me hizo detenerme y preguntarme:
¿Realmente todo lo que le doy al Eterno nace del amor… o de la costumbre?

Hace tiempo, recuerdo un momento muy personal. Estaba orando, pero mi mente estaba llena de preocupaciones, pendientes, emociones mezcladas. Mi oración era correcta… pero mi corazón estaba distraído. Y en medio de ese silencio interior sentí algo muy suave, muy claro:
"Yo no solo quiero lo que haces… quiero tu corazón presente."

Ese día entendí algo que no he olvidado: el verdadero santuario que Dios desea habitar no está hecho de oro, madera o lino… está hecho de entrega sincera.

Terumah nos enseñó que todo tiene significado espiritual.
El oro nos habla de lo divino.
La plata de redención.
El lino de pureza.
El aceite de Su presencia viva.

Pero también entendimos que Dios es un Dios de diseño y orden. Nada en el Mishkán fue improvisado. Cada medida, cada forma, cada detalle respondía a Su modelo perfecto. Y así también es nuestra vida. Cuando intentamos construir según nuestras emociones o nuestro entendimiento, nos cansamos… pero cuando nos alineamos con Su diseño, encontramos paz.

Otra verdad profundamente hermosa es que el propósito del santuario no era la estructura… era la Presencia. Dios quería habitar en medio de Su pueblo.

Y hoy, esa realidad sigue viva.
No solo visitamos Su Presencia… somos llamadas a ser Su morada.

La Escritura dice que somos piedras vivas, edificadas como casa espiritual. Eso significa que nuestra vida entera puede convertirse en adoración. Nuestros pensamientos, decisiones, palabras, descansos… todo puede ser una ofrenda elevada.

Por eso cerrar esta semana en Shabat tiene tanto sentido. Después de aprender a dar, limpiar el corazón, alinearnos con Su diseño y reconocer Su Presencia… simplemente descansamos en Él. Como diciendo:
“Aquí está mi vida… recíbela como mi Terumah.”

Si algo me llevo de esta Parashá, es esto:
Dios no busca perfección… busca disposición.
No busca grandes obras… busca corazones rendidos.
No busca solo lo que construimos… busca habitar en nosotras.

Y ahora quiero dejarte unas preguntas para tu corazón:

✨ ¿Qué parte de mi vida aún no he entregado completamente al Eterno?
✨ ¿Mi vida refleja un lugar donde Su Presencia puede reposar con paz?
✨ ¿Qué significa para mí, hoy, ser una ofrenda viva?

Tómate un momento en silencio… y responde desde lo profundo.

Oración

Amado Eterno, gracias porque deseas habitar en medio de Tu pueblo y también dentro de mi corazón. Hoy elevo mi vida como ofrenda para Ti. Limpia lo que deba ser purificado, ordena lo que deba ser alineado y habita plenamente en mí. Que todo lo que soy refleje Tu Presencia. Amén.

Un abrazo

Li Esquivel

domingo, 15 de febrero de 2026

Parashá Mishpatim — Cuando la justicia divina toca la vida diaria


 

Shalom querida comunidad, queridas mujeres de Toráh.

Hoy quiero abrir mi corazón y compartir una reflexión profunda sobre la Parashá Mishpatim, una porción que al principio puede parecer simplemente una lista de leyes… pero que en realidad es una revelación del corazón de Elohim para la vida cotidiana. No son mandamientos lejanos ni ideas abstractas. Son instrucciones que tocan la forma en que hablamos, tratamos, sentimos, respondemos, perdonamos y vivimos cada día.

Después de la majestuosidad del Monte Sinaí y la entrega de los Diez Mandamientos, Mishpatim desciende — por decirlo así — al terreno de lo práctico. Es como si el Eterno nos dijera: “Ahora que conoces Mi voz, aprende a vivirla en tus relaciones humanas”.

Y ahí es donde esta parashá se vuelve profundamente personal.

Porque la justicia divina no se queda en el cielo… se manifiesta en la forma en que tratamos al prójimo.

Mientras meditaba durante esta semana en cada enseñanza de Mishpatim, sentí algo muy claro en mi corazón: la santidad no está separada de la vida diaria. Está en los detalles. En la forma en que respondemos cuando alguien nos hiere. En cómo actuamos cuando nadie nos ve. En cómo manejamos el poder, la autoridad, las emociones y los conflictos.

Elohim no solo nos enseña a adorarlo… nos enseña a convivir.

Y eso es profundamente transformador.

Hubo un momento esta semana en que recordé algo personal. Hace un tiempo viví una situación donde sentí que alguien fue injusto conmigo. Yo sabía que tenía la razón, al menos desde mi perspectiva. Dentro de mí había enojo… pero también silencio. No dije nada. No porque hubiera paz… sino porque estaba guardando todo.

Mientras estudiaba Mishpatim y leía sobre restitución, responsabilidad y justicia, el Espíritu me confrontó con algo muy profundo: la justicia del Eterno no nace del resentimiento… nace del orden, de la verdad y de un corazón limpio.

Comprendí que a veces creemos que “callar” es lo mismo que “perdonar”, pero no siempre es así. A veces callamos porque no sabemos cómo expresar lo que sentimos sin herir o sin romper algo. Pero el Eterno no quiere corazones acumulando dolor… quiere corazones restaurados.

Y Mishpatim habla precisamente de restauración.

Si alguien daña… debe reparar.
Si alguien toma… debe devolver.
Si alguien hiere… debe asumir responsabilidad.

La justicia divina no busca castigar por castigar… busca restaurar el equilibrio que el pecado rompe.

Esto me hizo reflexionar mucho como mujer, como creyente y como persona que vive relaciones reales con emociones reales. Porque la Toráh no ignora el conflicto humano… lo ordena.

También me conmovió profundamente cómo el Eterno muestra especial cuidado por los vulnerables: la viuda, el huérfano, el extranjero, el pobre. Es como si Él dijera: “La verdadera justicia se revela en cómo tratas a quien no puede defenderse”.

Eso me llevó a examinar mi propio corazón.

¿Soy sensible al dolor ajeno?
¿Escucho antes de juzgar?
¿Soy justa cuando nadie me obliga a serlo?
¿Uso mi voz para edificar o para reaccionar?

Mishpatim no es solo un sistema legal… es un entrenamiento del alma.

Y algo que tocó profundamente mi espíritu fue el momento en que el pueblo responde: “Haremos y obedeceremos”. Antes de entender completamente… decidieron confiar.

Eso es fe madura.

No obedecer solo cuando comprendo… sino porque confío en el carácter del que ordena.

Cuántas veces queremos entender primero… para luego obedecer. Pero el camino espiritual muchas veces es al revés. La obediencia abre la comprensión.

Esta semana sentí al Eterno invitarme a vivir con más conciencia… más responsabilidad… más sensibilidad… más verdad.

A entender que cada acción tiene peso.
Cada palabra deja huella.
Cada decisión construye o destruye.

Y también comprendí algo muy consolador: la justicia de Elohim no es fría… es profundamente misericordiosa. Él establece orden porque ama la vida, ama la armonía y ama la restauración.

Nada en Mishpatim es indiferente al sufrimiento humano.

Todo apunta a sanar lo roto.

Y creo que como mujeres de fe, estamos llamadas a reflejar esa justicia restauradora en nuestros hogares, en nuestras palabras, en nuestras relaciones, en nuestras decisiones diarias.

No una justicia dura… sino una justicia alineada con el corazón del Eterno.

Justicia que escucha.
Justicia que repara.
Justicia que protege.
Justicia que honra la dignidad humana.

Esta parashá me recordó que vivir en santidad no es escapar del mundo… es aprender a vivir en él con conciencia divina.

Es permitir que la presencia del Eterno transforme incluso nuestras reacciones más humanas.

Hoy mi oración nace de ese anhelo profundo.

Elohim justo y misericordioso, enséñame a vivir con un corazón recto. Purifica mis intenciones. Ordena mis emociones. Dame sabiduría para actuar con justicia, pero también con compasión. Enséñame a reparar lo que rompo, a asumir responsabilidad, a tratar a cada persona con dignidad. Que tu Toráh no sea solo conocimiento en mi mente… sino vida en mis acciones. Forma en mí un corazón sensible a tu voz incluso en los detalles más pequeños de la vida. Amén.

Queridas mujeres, Mishpatim nos enseña que la espiritualidad verdadera se mide en lo cotidiano. No solo en momentos sagrados… sino en decisiones ordinarias.

Ahí es donde se revela quiénes somos.

Y yo deseo que cada una de nosotras camine con esa conciencia: que la justicia del Eterno habite en nuestra forma de vivir, amar, hablar y responder.

Porque cuando la justicia divina se vuelve parte de nuestra vida diaria… la presencia del Eterno también habita con nosotros.

Con cariño y reflexión profunda,

Li Esquivel.

sábado, 7 de febrero de 2026

Parashá Yitró – Un Camino De Escucha, Orden Y Descanso (reflexión Para Mujeres)

 



Querida mujer,

Esta semana, al caminar juntas por la Parashá Yitró, mi corazón fue llevado paso a paso a un proceso muy parecido al que muchas de nosotras vivimos en silencio. No es solo una porción de la Torá que habla de leyes o de liderazgo; es una parashá que habla del alma cansada, del corazón que aprende a escuchar y de la mujer que necesita recordar que no fue creada para vivir agotada.

Todo comienza con algo sencillo pero poderoso: escuchar. Yitró oyó lo que YHWH había hecho por Israel. Y al leer esto, no pude evitar preguntarme cuántas veces YHWH ha obrado en mi vida y yo he seguido adelante sin detenerme a escuchar, a recordar, a reconocer. Escuchar es un acto espiritual profundo. Es detenernos y decir: “Sí, Elohim ha sido fiel conmigo”.

Cuando Yitró escucha, su corazón responde con gratitud. Bendice el Nombre de YHWH. No guarda silencio. Y aquí aprendí algo importante: la gratitud expresada sana. Como mujeres, muchas veces seguimos adelante aun después de haber sido libradas, sin levantar nuestra voz para agradecer. Y sin darnos cuenta, el alma se enfría. Bendecir a YHWH nos vuelve a conectar con Su fidelidad.

Luego vemos a Yitró acercarse a Elohim con sacrificios y compartir mesa delante de Su presencia. No fue un acto vacío, fue comunión. Esto me recordó que acercarnos a Elohim no es solo cumplir con una rutina espiritual, sino presentarnos con un corazón sincero. Cada momento de oración, cada estudio, cada pausa consciente es una forma de decir: “Aquí estoy, quiero caminar contigo”.

Pero la Parashá no se queda en lo espiritual sin tocar lo práctico. Yitró observa a Moshé agotado, cargando solo con responsabilidades que eran demasiado pesadas. Y le dice algo que muchas necesitamos escuchar: “No está bien lo que haces”. No como reproche, sino como cuidado. Cuántas veces seguimos dando, sirviendo, sosteniendo a todos, mientras por dentro estamos exhaustas. Elohim no se glorifica en nuestro desgaste.

El consejo de Yitró es claro: ordenar, delegar, compartir la carga. No se trata de soltar todo, sino de aprender a confiar. Confiar en que Elohim también obra a través de otros. Como mujeres, a veces creemos que hacerlo todo solas nos hace más fuertes, cuando en realidad nos está debilitando.

Después de este orden, llega la preparación. YHWH le pide al pueblo que se santifique, que se prepare, porque Él va a descender. Nada es apresurado. Nada es casual. Esto tocó profundamente mi corazón, porque muchas veces queremos escuchar la voz de Elohim sin preparar nuestro interior. La preparación también es una forma de amor y reverencia.

Y entonces llega Shabat. El momento culminante. Elohim habla. Pero antes de dar mandamientos, Él se presenta como el Libertador: “Yo soy YHWH tu Elohim, que te saqué de la esclavitud”. Esto me recuerda que nuestra obediencia no nace del miedo ni de la exigencia, sino del descanso en lo que Él ya hizo por nosotras.

Shabat me enseña que no soy esclava del hacer constante. Soy hija. Mujer amada. Llamada a escuchar, a ordenar mi vida y a descansar en Su pacto.

Esta Parashá me dejó una verdad grabada en el corazón: cuando escuchamos, agradecemos; cuando agradecemos, nos acercamos; cuando nos acercamos, aprendemos a ordenar; y cuando todo se ordena, estamos listas para recibir Su voz y descansar en Él.

Mi oración es que tú, mujer que lees estas líneas, también puedas detenerte esta semana, escuchar lo que YHWH ha hecho en tu vida, soltar cargas que no te corresponden y entrar al Shabat con un corazón confiado.

Shabat Shalom.

Con cariño,
Li Esquivel

sábado, 31 de enero de 2026

"Mi camino hacia la Luz"

 

¡Shalom, queridas hermanas! Hoy quiero abrirles mi corazón y compartir un poco de mi historia, con la esperanza de que pueda inspirar a muchas mujeres que buscan la verdad y la paz que solo Yeshuah puede dar.

Mi nombre es Ligia Esquivel Vargas, aunque me gusta que me llamen Li Esquivel. Soy costarricense, tengo 52 años, y fui criada dentro de la religión tradicional de mi familia. Desde niña, los valores espirituales y el amor por el Eterno estuvieron presentes en mi hogar, pero la vida, con sus vicisitudes y pruebas, me llevó a descubrir un camino más profundo: el cristianismo.

Hace algunos años, inicié mi primer blog llamado “Soy una Mujer de Fe”. Lo comencé sin saber mucho sobre cómo se creaban los blogs, ni cómo funcionaban las redes sociales, que apenas comenzaban a florecer. Fue gracias a una amiga muy querida, Ericka, que vive en Cartagena, Colombia, que pude dar mis primeros pasos. Nos conocimos por Facebook y, a través de Messenger, ella me brindó su ayuda, enseñándome y guiándome para poder escribir, organizar y darle forma a mi blog. Ericka fue un regalo del Eterno en mi vida, y hoy sigue siendo una luz en mi camino espiritual a través de su página de Facebook “Soy agradable a sus ojos”.https://www.facebook.com/Soyagradable

Con el tiempo, Ericka me enseñó sobre Yeshuah y la verdadera Torah del Eterno. Para mí, fue una revolución interna: mi corazón creía, pero mi mente se resistía. Comenzaba un proceso profundo de aprendizaje, reflexión y transformación, entendiendo que el camino espiritual es tanto del corazón como de la mente.

En 2018, la vida me llevó a mudarme a los Estados Unidos, tras casarme. Aquí comencé a trabajar con una diseñadora de modas y tuve la bendición de conocer a dos mujeres maravillosas. Una de ellas, Mayelin, me impactó profundamente con su forma de vida, su amor, paciencia y fe. Recuerdo que le pregunté de qué religión era, y su respuesta me cambió para siempre: “Yo soy Israel”. A partir de ese momento, comencé a congregarme en un lugar de raíces hebreas, mientras seguía estudiando con Ericka y profundizando en el conocimiento del Eterno y Su Torah.

Con el tiempo, hice la transición de mi página de Facebook, que llevaba el nombre de mi anterior blog, para crear Mujeres de Toráh, un espacio dedicado a todas nosotras, mujeres que buscamos la verdad, la sabiduría y la guía espiritual en nuestras vidas. Mi objetivo es que cada mujer que llegue aquí sienta que puede encontrar esperanza, fortaleza y el amor de Yeshuah, nuestro Mashíah.

Mi historia no es perfecta, ni exenta de desafíos, pero cada paso ha sido guiado por el Eterno. Hoy comparto mi testimonio con ustedes, no solo como una forma de recordar de dónde vengo, sino para que muchas mujeres comprendan que sí es posible encontrar la luz, la fe y la verdadera libertad en Yeshuah, sin importar las dificultades que enfrentemos en la vida.

Querida hermana, si estás leyendo esto, quiero que sepas: tu camino hacia el Eterno puede comenzar hoy. Nunca es tarde para abrir el corazón, aprender, y dejar que Su amor transforme cada área de tu vida.

Con cariño y en oración,
Li Esquivel.




Parashá Beshalaj (בְּשַׁלַּח – “Cuando Él envió”

 Bienvenida a Mujeres de Toráh

🌿 Shemot / Éxodo 13:17 – 17:16



Este es un espacio para caminar juntas por la Toráh,
reflexionar desde el corazón
y permitir que la Palabra del Eterno transforme nuestra vida diaria.

Hoy te invito a detenerte, respirar
y caminar conmigo a través de la Parashá Beshalaj,
una enseñanza que no solo se estudia… se vive.

Hay parashot que no solo se estudian…
se viven.

Beshalaj es una de ellas.
Porque no habla solo de la salida de Egipto, sino del proceso interno que comienza cuando el Eterno decide enviarnos por caminos que no entendemos, pero que Él sí ha elegido con propósito.

Cuando Elohim sacó a Israel, no los llevó por el camino más corto. Los llevó por el camino que formaría su fe. Y esa verdad ha resonado muchas veces en mi propia vida. He aprendido que, aunque yo quisiera atajos, Él trabaja más en mi corazón que en mi comodidad.

Desde el primer paso, Su presencia fue evidente: una columna de nube durante el día y una columna de fuego durante la noche. Esa imagen me recuerda que, aun cuando no sé a dónde voy, no camino sola. Ha habido etapas en las que no veía claridad, pero podía sentir Su presencia guiándome paso a paso.

Sin embargo, el pasado no tardó en aparecer. Faraón persiguió al pueblo, y el miedo volvió a levantarse. Delante estaba el mar, detrás el enemigo. Ese momento lo conozco bien. Es ese instante en el que crees haber cerrado una etapa, pero viejas heridas, temores o luchas regresan con fuerza. Ahí he tenido que aprender que la libertad no se sostiene con mis fuerzas, sino con confianza. El Eterno pelea por mí, aun cuando todo parece perdido.

Entonces ocurrió el milagro. El mar se abrió, pero no antes del paso de fe. Se abrió después. El pueblo tuvo que avanzar sin garantías visibles. Y esa escena me ha enseñado que muchas veces la obediencia precede al milagro. He visto cómo Elohim ha abierto caminos en mi vida cuando decidí avanzar con temor, pero con fe.

Después vino el cántico. Moisés cantó, y Miriam junto a las mujeres danzó. La alabanza brotó como respuesta natural a la fidelidad del Eterno. He aprendido que alabar después de la prueba sana el corazón y fortalece la fe. No es una alabanza superficial, es una alabanza que nace del agradecimiento profundo.

Pero el desierto continuó. Llegaron a Mara y las aguas eran amargas. Elohim no quitó el desierto, pero mostró cómo endulzar las aguas. Esta parte me toca profundamente, porque he aprendido que no todo dolor desaparece de inmediato, pero sí puede ser transformado. El Eterno ha usado procesos difíciles para sanar áreas de mi corazón que yo no veía.

Luego llegó el hambre, y con ella la queja. Entonces Elohim proveyó maná del cielo, cada día. No para acumular, sino para confiar. El maná me ha enseñado a vivir día a día, a soltar la ansiedad por el mañana y a agradecer la provisión de hoy. Su fidelidad nunca llega tarde; siempre llega en el momento justo.

Finalmente, Israel enfrentó a Amalec. La victoria no dependió solo de la fuerza, sino de manos levantadas en intercesión y sostenidas por otros. Moisés necesitó de Aarón y Hur. Esta escena me recuerda que no fui creada para luchar sola. Hay batallas que se ganan cuando aprendemos a pedir ayuda, a orar y a descansar. Shabat me devuelve a esa verdad: es el Eterno quien pelea por mí.

🌿 Reflexión final

Beshalaj me ha enseñado que la libertad no termina al salir de Egipto; comienza allí. Cada etapa del camino —la guía, el temor, el milagro, la alabanza, la prueba, la provisión y la batalla— forma parte del proceso que Elohim usa para formar un corazón confiado.

Hoy, como mujer de Toráh, decido seguir la nube aun cuando no vea todo el camino, avanzar frente al mar, cantar después de la victoria, confiar en el maná diario y levantar mis manos en Shabat, sabiendo que Él es mi estandarte.

🙏 Oración

Abba Kadosh,
gracias por ir delante de mí aun cuando no entiendo el camino.
Enséñame a confiar cuando el pasado me persigue,
a avanzar cuando el mar está frente a mí
y a descansar sabiendo que Tú peleas mis batallas.
Sana lo que está amargo en mi corazón,
fortalece mi fe
y ayúdame a depender de Ti cada día.
Reconozco que Tu fidelidad es eterna.
En el nombre de Yeshúa, amén. 🤍

¡Shabat Shalom!


Identidad de la mujer según la Toráh

  En medio de un mundo que constantemente intenta decirnos quién debemos ser, muchas mujeres han comenzado a perder algo muy valioso: la cla...