Esta semana hemos caminado juntas por la Parashá Terumah — תרומה, cuyo significado es ofrenda elevada, contribución que se levanta para el Eterno. Y mientras meditaba en cada lectura, sentía que el mensaje no era solo acerca de construir un santuario… sino de permitir que Dios construya algo dentro de nosotras.
Porque el Eterno pidió al pueblo que trajera ofrendas voluntarias para levantar el Mishkán, el lugar donde Su Presencia habitaría. Pero lo que más tocó mi corazón es que Él no obligó a nadie. No exigió. No impuso. Solo pidió a quienes quisieran dar desde el corazón.
Y eso me hizo detenerme y preguntarme:
¿Realmente todo lo que le doy al Eterno nace del amor… o de la costumbre?
Hace tiempo, recuerdo un momento muy personal. Estaba orando, pero mi mente estaba llena de preocupaciones, pendientes, emociones mezcladas. Mi oración era correcta… pero mi corazón estaba distraído. Y en medio de ese silencio interior sentí algo muy suave, muy claro:
"Yo no solo quiero lo que haces… quiero tu corazón presente."
Ese día entendí algo que no he olvidado: el verdadero santuario que Dios desea habitar no está hecho de oro, madera o lino… está hecho de entrega sincera.
Terumah nos enseñó que todo tiene significado espiritual.
El oro nos habla de lo divino.
La plata de redención.
El lino de pureza.
El aceite de Su presencia viva.
Pero también entendimos que Dios es un Dios de diseño y orden. Nada en el Mishkán fue improvisado. Cada medida, cada forma, cada detalle respondía a Su modelo perfecto. Y así también es nuestra vida. Cuando intentamos construir según nuestras emociones o nuestro entendimiento, nos cansamos… pero cuando nos alineamos con Su diseño, encontramos paz.
Otra verdad profundamente hermosa es que el propósito del santuario no era la estructura… era la Presencia. Dios quería habitar en medio de Su pueblo.
Y hoy, esa realidad sigue viva.
No solo visitamos Su Presencia… somos llamadas a ser Su morada.
La Escritura dice que somos piedras vivas, edificadas como casa espiritual. Eso significa que nuestra vida entera puede convertirse en adoración. Nuestros pensamientos, decisiones, palabras, descansos… todo puede ser una ofrenda elevada.
Por eso cerrar esta semana en Shabat tiene tanto sentido. Después de aprender a dar, limpiar el corazón, alinearnos con Su diseño y reconocer Su Presencia… simplemente descansamos en Él. Como diciendo:
“Aquí está mi vida… recíbela como mi Terumah.”
Si algo me llevo de esta Parashá, es esto:
Dios no busca perfección… busca disposición.
No busca grandes obras… busca corazones rendidos.
No busca solo lo que construimos… busca habitar en nosotras.
Y ahora quiero dejarte unas preguntas para tu corazón:
✨ ¿Qué parte de mi vida aún no he entregado completamente al Eterno?
✨ ¿Mi vida refleja un lugar donde Su Presencia puede reposar con paz?
✨ ¿Qué significa para mí, hoy, ser una ofrenda viva?
Tómate un momento en silencio… y responde desde lo profundo.
Oración
Amado Eterno, gracias porque deseas habitar en medio de Tu pueblo y también dentro de mi corazón. Hoy elevo mi vida como ofrenda para Ti. Limpia lo que deba ser purificado, ordena lo que deba ser alineado y habita plenamente en mí. Que todo lo que soy refleje Tu Presencia. Amén.
Un abrazo
Li Esquivel


