domingo, 22 de febrero de 2026

Una ofrenda elevada: el llamado a ser morada de Su Presencia


 Esta semana hemos caminado juntas por la Parashá Terumah — תרומה, cuyo significado es ofrenda elevada, contribución que se levanta para el Eterno. Y mientras meditaba en cada lectura, sentía que el mensaje no era solo acerca de construir un santuario… sino de permitir que Dios construya algo dentro de nosotras.

Porque el Eterno pidió al pueblo que trajera ofrendas voluntarias para levantar el Mishkán, el lugar donde Su Presencia habitaría. Pero lo que más tocó mi corazón es que Él no obligó a nadie. No exigió. No impuso. Solo pidió a quienes quisieran dar desde el corazón.

Y eso me hizo detenerme y preguntarme:
¿Realmente todo lo que le doy al Eterno nace del amor… o de la costumbre?

Hace tiempo, recuerdo un momento muy personal. Estaba orando, pero mi mente estaba llena de preocupaciones, pendientes, emociones mezcladas. Mi oración era correcta… pero mi corazón estaba distraído. Y en medio de ese silencio interior sentí algo muy suave, muy claro:
"Yo no solo quiero lo que haces… quiero tu corazón presente."

Ese día entendí algo que no he olvidado: el verdadero santuario que Dios desea habitar no está hecho de oro, madera o lino… está hecho de entrega sincera.

Terumah nos enseñó que todo tiene significado espiritual.
El oro nos habla de lo divino.
La plata de redención.
El lino de pureza.
El aceite de Su presencia viva.

Pero también entendimos que Dios es un Dios de diseño y orden. Nada en el Mishkán fue improvisado. Cada medida, cada forma, cada detalle respondía a Su modelo perfecto. Y así también es nuestra vida. Cuando intentamos construir según nuestras emociones o nuestro entendimiento, nos cansamos… pero cuando nos alineamos con Su diseño, encontramos paz.

Otra verdad profundamente hermosa es que el propósito del santuario no era la estructura… era la Presencia. Dios quería habitar en medio de Su pueblo.

Y hoy, esa realidad sigue viva.
No solo visitamos Su Presencia… somos llamadas a ser Su morada.

La Escritura dice que somos piedras vivas, edificadas como casa espiritual. Eso significa que nuestra vida entera puede convertirse en adoración. Nuestros pensamientos, decisiones, palabras, descansos… todo puede ser una ofrenda elevada.

Por eso cerrar esta semana en Shabat tiene tanto sentido. Después de aprender a dar, limpiar el corazón, alinearnos con Su diseño y reconocer Su Presencia… simplemente descansamos en Él. Como diciendo:
“Aquí está mi vida… recíbela como mi Terumah.”

Si algo me llevo de esta Parashá, es esto:
Dios no busca perfección… busca disposición.
No busca grandes obras… busca corazones rendidos.
No busca solo lo que construimos… busca habitar en nosotras.

Y ahora quiero dejarte unas preguntas para tu corazón:

✨ ¿Qué parte de mi vida aún no he entregado completamente al Eterno?
✨ ¿Mi vida refleja un lugar donde Su Presencia puede reposar con paz?
✨ ¿Qué significa para mí, hoy, ser una ofrenda viva?

Tómate un momento en silencio… y responde desde lo profundo.

Oración

Amado Eterno, gracias porque deseas habitar en medio de Tu pueblo y también dentro de mi corazón. Hoy elevo mi vida como ofrenda para Ti. Limpia lo que deba ser purificado, ordena lo que deba ser alineado y habita plenamente en mí. Que todo lo que soy refleje Tu Presencia. Amén.

Un abrazo

Li Esquivel

domingo, 15 de febrero de 2026

Parashá Mishpatim — Cuando la justicia divina toca la vida diaria


 

Shalom querida comunidad, queridas mujeres de Toráh.

Hoy quiero abrir mi corazón y compartir una reflexión profunda sobre la Parashá Mishpatim, una porción que al principio puede parecer simplemente una lista de leyes… pero que en realidad es una revelación del corazón de Elohim para la vida cotidiana. No son mandamientos lejanos ni ideas abstractas. Son instrucciones que tocan la forma en que hablamos, tratamos, sentimos, respondemos, perdonamos y vivimos cada día.

Después de la majestuosidad del Monte Sinaí y la entrega de los Diez Mandamientos, Mishpatim desciende — por decirlo así — al terreno de lo práctico. Es como si el Eterno nos dijera: “Ahora que conoces Mi voz, aprende a vivirla en tus relaciones humanas”.

Y ahí es donde esta parashá se vuelve profundamente personal.

Porque la justicia divina no se queda en el cielo… se manifiesta en la forma en que tratamos al prójimo.

Mientras meditaba durante esta semana en cada enseñanza de Mishpatim, sentí algo muy claro en mi corazón: la santidad no está separada de la vida diaria. Está en los detalles. En la forma en que respondemos cuando alguien nos hiere. En cómo actuamos cuando nadie nos ve. En cómo manejamos el poder, la autoridad, las emociones y los conflictos.

Elohim no solo nos enseña a adorarlo… nos enseña a convivir.

Y eso es profundamente transformador.

Hubo un momento esta semana en que recordé algo personal. Hace un tiempo viví una situación donde sentí que alguien fue injusto conmigo. Yo sabía que tenía la razón, al menos desde mi perspectiva. Dentro de mí había enojo… pero también silencio. No dije nada. No porque hubiera paz… sino porque estaba guardando todo.

Mientras estudiaba Mishpatim y leía sobre restitución, responsabilidad y justicia, el Espíritu me confrontó con algo muy profundo: la justicia del Eterno no nace del resentimiento… nace del orden, de la verdad y de un corazón limpio.

Comprendí que a veces creemos que “callar” es lo mismo que “perdonar”, pero no siempre es así. A veces callamos porque no sabemos cómo expresar lo que sentimos sin herir o sin romper algo. Pero el Eterno no quiere corazones acumulando dolor… quiere corazones restaurados.

Y Mishpatim habla precisamente de restauración.

Si alguien daña… debe reparar.
Si alguien toma… debe devolver.
Si alguien hiere… debe asumir responsabilidad.

La justicia divina no busca castigar por castigar… busca restaurar el equilibrio que el pecado rompe.

Esto me hizo reflexionar mucho como mujer, como creyente y como persona que vive relaciones reales con emociones reales. Porque la Toráh no ignora el conflicto humano… lo ordena.

También me conmovió profundamente cómo el Eterno muestra especial cuidado por los vulnerables: la viuda, el huérfano, el extranjero, el pobre. Es como si Él dijera: “La verdadera justicia se revela en cómo tratas a quien no puede defenderse”.

Eso me llevó a examinar mi propio corazón.

¿Soy sensible al dolor ajeno?
¿Escucho antes de juzgar?
¿Soy justa cuando nadie me obliga a serlo?
¿Uso mi voz para edificar o para reaccionar?

Mishpatim no es solo un sistema legal… es un entrenamiento del alma.

Y algo que tocó profundamente mi espíritu fue el momento en que el pueblo responde: “Haremos y obedeceremos”. Antes de entender completamente… decidieron confiar.

Eso es fe madura.

No obedecer solo cuando comprendo… sino porque confío en el carácter del que ordena.

Cuántas veces queremos entender primero… para luego obedecer. Pero el camino espiritual muchas veces es al revés. La obediencia abre la comprensión.

Esta semana sentí al Eterno invitarme a vivir con más conciencia… más responsabilidad… más sensibilidad… más verdad.

A entender que cada acción tiene peso.
Cada palabra deja huella.
Cada decisión construye o destruye.

Y también comprendí algo muy consolador: la justicia de Elohim no es fría… es profundamente misericordiosa. Él establece orden porque ama la vida, ama la armonía y ama la restauración.

Nada en Mishpatim es indiferente al sufrimiento humano.

Todo apunta a sanar lo roto.

Y creo que como mujeres de fe, estamos llamadas a reflejar esa justicia restauradora en nuestros hogares, en nuestras palabras, en nuestras relaciones, en nuestras decisiones diarias.

No una justicia dura… sino una justicia alineada con el corazón del Eterno.

Justicia que escucha.
Justicia que repara.
Justicia que protege.
Justicia que honra la dignidad humana.

Esta parashá me recordó que vivir en santidad no es escapar del mundo… es aprender a vivir en él con conciencia divina.

Es permitir que la presencia del Eterno transforme incluso nuestras reacciones más humanas.

Hoy mi oración nace de ese anhelo profundo.

Elohim justo y misericordioso, enséñame a vivir con un corazón recto. Purifica mis intenciones. Ordena mis emociones. Dame sabiduría para actuar con justicia, pero también con compasión. Enséñame a reparar lo que rompo, a asumir responsabilidad, a tratar a cada persona con dignidad. Que tu Toráh no sea solo conocimiento en mi mente… sino vida en mis acciones. Forma en mí un corazón sensible a tu voz incluso en los detalles más pequeños de la vida. Amén.

Queridas mujeres, Mishpatim nos enseña que la espiritualidad verdadera se mide en lo cotidiano. No solo en momentos sagrados… sino en decisiones ordinarias.

Ahí es donde se revela quiénes somos.

Y yo deseo que cada una de nosotras camine con esa conciencia: que la justicia del Eterno habite en nuestra forma de vivir, amar, hablar y responder.

Porque cuando la justicia divina se vuelve parte de nuestra vida diaria… la presencia del Eterno también habita con nosotros.

Con cariño y reflexión profunda,

Li Esquivel.

sábado, 7 de febrero de 2026

Parashá Yitró – Un Camino De Escucha, Orden Y Descanso (reflexión Para Mujeres)

 



Querida mujer,

Esta semana, al caminar juntas por la Parashá Yitró, mi corazón fue llevado paso a paso a un proceso muy parecido al que muchas de nosotras vivimos en silencio. No es solo una porción de la Torá que habla de leyes o de liderazgo; es una parashá que habla del alma cansada, del corazón que aprende a escuchar y de la mujer que necesita recordar que no fue creada para vivir agotada.

Todo comienza con algo sencillo pero poderoso: escuchar. Yitró oyó lo que YHWH había hecho por Israel. Y al leer esto, no pude evitar preguntarme cuántas veces YHWH ha obrado en mi vida y yo he seguido adelante sin detenerme a escuchar, a recordar, a reconocer. Escuchar es un acto espiritual profundo. Es detenernos y decir: “Sí, Elohim ha sido fiel conmigo”.

Cuando Yitró escucha, su corazón responde con gratitud. Bendice el Nombre de YHWH. No guarda silencio. Y aquí aprendí algo importante: la gratitud expresada sana. Como mujeres, muchas veces seguimos adelante aun después de haber sido libradas, sin levantar nuestra voz para agradecer. Y sin darnos cuenta, el alma se enfría. Bendecir a YHWH nos vuelve a conectar con Su fidelidad.

Luego vemos a Yitró acercarse a Elohim con sacrificios y compartir mesa delante de Su presencia. No fue un acto vacío, fue comunión. Esto me recordó que acercarnos a Elohim no es solo cumplir con una rutina espiritual, sino presentarnos con un corazón sincero. Cada momento de oración, cada estudio, cada pausa consciente es una forma de decir: “Aquí estoy, quiero caminar contigo”.

Pero la Parashá no se queda en lo espiritual sin tocar lo práctico. Yitró observa a Moshé agotado, cargando solo con responsabilidades que eran demasiado pesadas. Y le dice algo que muchas necesitamos escuchar: “No está bien lo que haces”. No como reproche, sino como cuidado. Cuántas veces seguimos dando, sirviendo, sosteniendo a todos, mientras por dentro estamos exhaustas. Elohim no se glorifica en nuestro desgaste.

El consejo de Yitró es claro: ordenar, delegar, compartir la carga. No se trata de soltar todo, sino de aprender a confiar. Confiar en que Elohim también obra a través de otros. Como mujeres, a veces creemos que hacerlo todo solas nos hace más fuertes, cuando en realidad nos está debilitando.

Después de este orden, llega la preparación. YHWH le pide al pueblo que se santifique, que se prepare, porque Él va a descender. Nada es apresurado. Nada es casual. Esto tocó profundamente mi corazón, porque muchas veces queremos escuchar la voz de Elohim sin preparar nuestro interior. La preparación también es una forma de amor y reverencia.

Y entonces llega Shabat. El momento culminante. Elohim habla. Pero antes de dar mandamientos, Él se presenta como el Libertador: “Yo soy YHWH tu Elohim, que te saqué de la esclavitud”. Esto me recuerda que nuestra obediencia no nace del miedo ni de la exigencia, sino del descanso en lo que Él ya hizo por nosotras.

Shabat me enseña que no soy esclava del hacer constante. Soy hija. Mujer amada. Llamada a escuchar, a ordenar mi vida y a descansar en Su pacto.

Esta Parashá me dejó una verdad grabada en el corazón: cuando escuchamos, agradecemos; cuando agradecemos, nos acercamos; cuando nos acercamos, aprendemos a ordenar; y cuando todo se ordena, estamos listas para recibir Su voz y descansar en Él.

Mi oración es que tú, mujer que lees estas líneas, también puedas detenerte esta semana, escuchar lo que YHWH ha hecho en tu vida, soltar cargas que no te corresponden y entrar al Shabat con un corazón confiado.

Shabat Shalom.

Con cariño,
Li Esquivel

Identidad de la mujer según la Toráh

  En medio de un mundo que constantemente intenta decirnos quién debemos ser, muchas mujeres han comenzado a perder algo muy valioso: la cla...