Bienvenida a Mujeres de Toráh
🌿 Shemot / Éxodo 13:17 – 17:16
Este es un espacio para caminar juntas por la Toráh,
reflexionar desde el corazón
y permitir que la Palabra del Eterno transforme nuestra vida diaria.
Hoy te invito a detenerte, respirar
y caminar conmigo a través de la Parashá Beshalaj,
una enseñanza que no solo se estudia… se vive.
Hay parashot que no solo se estudian…
se viven.
Beshalaj es una de ellas.
Porque no habla solo de la salida de Egipto, sino del proceso interno que comienza cuando el Eterno decide enviarnos por caminos que no entendemos, pero que Él sí ha elegido con propósito.
Cuando Elohim sacó a Israel, no los llevó por el camino más corto. Los llevó por el camino que formaría su fe. Y esa verdad ha resonado muchas veces en mi propia vida. He aprendido que, aunque yo quisiera atajos, Él trabaja más en mi corazón que en mi comodidad.
Desde el primer paso, Su presencia fue evidente: una columna de nube durante el día y una columna de fuego durante la noche. Esa imagen me recuerda que, aun cuando no sé a dónde voy, no camino sola. Ha habido etapas en las que no veía claridad, pero podía sentir Su presencia guiándome paso a paso.
Sin embargo, el pasado no tardó en aparecer. Faraón persiguió al pueblo, y el miedo volvió a levantarse. Delante estaba el mar, detrás el enemigo. Ese momento lo conozco bien. Es ese instante en el que crees haber cerrado una etapa, pero viejas heridas, temores o luchas regresan con fuerza. Ahí he tenido que aprender que la libertad no se sostiene con mis fuerzas, sino con confianza. El Eterno pelea por mí, aun cuando todo parece perdido.
Entonces ocurrió el milagro. El mar se abrió, pero no antes del paso de fe. Se abrió después. El pueblo tuvo que avanzar sin garantías visibles. Y esa escena me ha enseñado que muchas veces la obediencia precede al milagro. He visto cómo Elohim ha abierto caminos en mi vida cuando decidí avanzar con temor, pero con fe.
Después vino el cántico. Moisés cantó, y Miriam junto a las mujeres danzó. La alabanza brotó como respuesta natural a la fidelidad del Eterno. He aprendido que alabar después de la prueba sana el corazón y fortalece la fe. No es una alabanza superficial, es una alabanza que nace del agradecimiento profundo.
Pero el desierto continuó. Llegaron a Mara y las aguas eran amargas. Elohim no quitó el desierto, pero mostró cómo endulzar las aguas. Esta parte me toca profundamente, porque he aprendido que no todo dolor desaparece de inmediato, pero sí puede ser transformado. El Eterno ha usado procesos difíciles para sanar áreas de mi corazón que yo no veía.
Luego llegó el hambre, y con ella la queja. Entonces Elohim proveyó maná del cielo, cada día. No para acumular, sino para confiar. El maná me ha enseñado a vivir día a día, a soltar la ansiedad por el mañana y a agradecer la provisión de hoy. Su fidelidad nunca llega tarde; siempre llega en el momento justo.
Finalmente, Israel enfrentó a Amalec. La victoria no dependió solo de la fuerza, sino de manos levantadas en intercesión y sostenidas por otros. Moisés necesitó de Aarón y Hur. Esta escena me recuerda que no fui creada para luchar sola. Hay batallas que se ganan cuando aprendemos a pedir ayuda, a orar y a descansar. Shabat me devuelve a esa verdad: es el Eterno quien pelea por mí.
🌿 Reflexión final
Beshalaj me ha enseñado que la libertad no termina al salir de Egipto; comienza allí. Cada etapa del camino —la guía, el temor, el milagro, la alabanza, la prueba, la provisión y la batalla— forma parte del proceso que Elohim usa para formar un corazón confiado.
Hoy, como mujer de Toráh, decido seguir la nube aun cuando no vea todo el camino, avanzar frente al mar, cantar después de la victoria, confiar en el maná diario y levantar mis manos en Shabat, sabiendo que Él es mi estandarte.
🙏 Oración
Abba Kadosh,
gracias por ir delante de mí aun cuando no entiendo el camino.
Enséñame a confiar cuando el pasado me persigue,
a avanzar cuando el mar está frente a mí
y a descansar sabiendo que Tú peleas mis batallas.
Sana lo que está amargo en mi corazón,
fortalece mi fe
y ayúdame a depender de Ti cada día.
Reconozco que Tu fidelidad es eterna.
En el nombre de Yeshúa, amén. 🤍
¡Shabat Shalom!

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