Querida mujer,
Esta semana, al caminar juntas por la Parashá Yitró, mi corazón fue llevado paso a paso a un proceso muy parecido al que muchas de nosotras vivimos en silencio. No es solo una porción de la Torá que habla de leyes o de liderazgo; es una parashá que habla del alma cansada, del corazón que aprende a escuchar y de la mujer que necesita recordar que no fue creada para vivir agotada.
Todo comienza con algo sencillo pero poderoso: escuchar. Yitró oyó lo que YHWH había hecho por Israel. Y al leer esto, no pude evitar preguntarme cuántas veces YHWH ha obrado en mi vida y yo he seguido adelante sin detenerme a escuchar, a recordar, a reconocer. Escuchar es un acto espiritual profundo. Es detenernos y decir: “Sí, Elohim ha sido fiel conmigo”.
Cuando Yitró escucha, su corazón responde con gratitud. Bendice el Nombre de YHWH. No guarda silencio. Y aquí aprendí algo importante: la gratitud expresada sana. Como mujeres, muchas veces seguimos adelante aun después de haber sido libradas, sin levantar nuestra voz para agradecer. Y sin darnos cuenta, el alma se enfría. Bendecir a YHWH nos vuelve a conectar con Su fidelidad.
Luego vemos a Yitró acercarse a Elohim con sacrificios y compartir mesa delante de Su presencia. No fue un acto vacío, fue comunión. Esto me recordó que acercarnos a Elohim no es solo cumplir con una rutina espiritual, sino presentarnos con un corazón sincero. Cada momento de oración, cada estudio, cada pausa consciente es una forma de decir: “Aquí estoy, quiero caminar contigo”.
Pero la Parashá no se queda en lo espiritual sin tocar lo práctico. Yitró observa a Moshé agotado, cargando solo con responsabilidades que eran demasiado pesadas. Y le dice algo que muchas necesitamos escuchar: “No está bien lo que haces”. No como reproche, sino como cuidado. Cuántas veces seguimos dando, sirviendo, sosteniendo a todos, mientras por dentro estamos exhaustas. Elohim no se glorifica en nuestro desgaste.
El consejo de Yitró es claro: ordenar, delegar, compartir la carga. No se trata de soltar todo, sino de aprender a confiar. Confiar en que Elohim también obra a través de otros. Como mujeres, a veces creemos que hacerlo todo solas nos hace más fuertes, cuando en realidad nos está debilitando.
Después de este orden, llega la preparación. YHWH le pide al pueblo que se santifique, que se prepare, porque Él va a descender. Nada es apresurado. Nada es casual. Esto tocó profundamente mi corazón, porque muchas veces queremos escuchar la voz de Elohim sin preparar nuestro interior. La preparación también es una forma de amor y reverencia.
Y entonces llega Shabat. El momento culminante. Elohim habla. Pero antes de dar mandamientos, Él se presenta como el Libertador: “Yo soy YHWH tu Elohim, que te saqué de la esclavitud”. Esto me recuerda que nuestra obediencia no nace del miedo ni de la exigencia, sino del descanso en lo que Él ya hizo por nosotras.
Shabat me enseña que no soy esclava del hacer constante. Soy hija. Mujer amada. Llamada a escuchar, a ordenar mi vida y a descansar en Su pacto.
Esta Parashá me dejó una verdad grabada en el corazón: cuando escuchamos, agradecemos; cuando agradecemos, nos acercamos; cuando nos acercamos, aprendemos a ordenar; y cuando todo se ordena, estamos listas para recibir Su voz y descansar en Él.
Mi oración es que tú, mujer que lees estas líneas, también puedas detenerte esta semana, escuchar lo que YHWH ha hecho en tu vida, soltar cargas que no te corresponden y entrar al Shabat con un corazón confiado.
Shabat Shalom.
Con cariño,
Li Esquivel

No hay comentarios.:
Publicar un comentario